Tiempo atrás me peleé jevi™ con 2 personas a las que quiero mucho. Intervalo entre combates: 5 meses. Voy por el título de los pesos "pesados". Y tratándose de 2 personas, no una, me sentí realmente mal. Parece que tengo talento para dejar la cagá, sobre todo por escrito (el ring donde ocurrieron estos y otros problemas, o mejor dicho, malentendidos).
Algo pasa con el texto, que suele meterme en atados; pero nunca caché si se debe a mi falta de tino para escribir lo que siento/ pienso, o a la forma en que algunos lectores interpretan lo que escribo, porque no me pasa con todo el mundo. Es como pronunciar una palabra que en tal idioma es un piropo, y en otro, un insulto.
Este ha sido el dilema de la comunicación por interné, desde el día uno. Tuvieron que agregar emoticons y cámara digital para humanizar el contacto, o por lo menos ser más fieles al lenguaje humano, que aparte de palabras consiste en gestos e inflexiones vocales, lo cual puede dar sentido muy distinto a un mismo concepto, como sugiere Portocarrero en "La palabra huevón" (1998), un ensayo sobre el garabato chileno por excelencia (que entre otras gracias es sumamente versátil: sirve como epíteto duro o mote afectuoso, dependiendo del contexto y el tono en que se pronuncia).
Con todo, noté un patrón común en las personas con quienes me peleo por escrito. Son medianamente susceptibles y afectos cercanos, con los que existe confianza, demasiada a veces. Buscando en la interné -para averiguar si la raíz del problema soy yo o no- pillé este artículo que menciona algunas características de las personalidades susceptibles:
- "Hipersensibilidad a la crítica, por la que se siente exageradamente atacada, herida; echa la culpa de los fracasos a los demás o a la situación; cultiva resentimientos tercos contra sus críticos".
- "A las personas susceptibles, para que se sientan a gusto, se las ha de tratar con mucha delicadeza. Ante un malentendido, esta persona siempre se pondrá a sí misma como la víctima y siempre esperará que sea a ella a la que se pida perdón. Demandan que sean comprensivos con ellos, aunque ellos mismos suelan ser bastante intolerantes y críticos con el proceder de los demás".
- "Los que les rodean lo sufren, ya que son personas bastante irritables, que saltan ante cualquier comentario".
Ahá! Parece que no hay manera suficientemente delicada de tratar a una personalidad susceptible, sobre todo cuando está teñida por eventos biográficos que le hacen reaccionar de modo automático ante ciertos estímulos. Con razón metí la pata. Además, la confianza de los afectos estrechos derriba ese escrúpulo con que encaramos una discusión, y favorece los exabruptos emocionales que no tendríamos con extraños. Es como cuando tus viejos te preguntaban: "¿Por qué actúas así en la casa y no cuando estás frente a tu profe?" Respuesta: porque contigo tengo confianza.
Pero sería injusto pintarme como "el bueno de la película" por presentar el caso. No soy blanca paloma y dudo que alguna vez me den un premio por estabilidad emocional o asertividad. Al revés: soy porfiado, "Contreras", picota y orgulloso. Es más, noté un 3er elemento común en estas 2 peleas y tiene que ver con el estado emocional en que me encontraba (estrés, que potencia la agresividad de cualquiera). No sorprende que en una de estas "mochas textuales" mi reacción fuese un calco de lo descrito por el poeta alemán H. Heine:
"Cuando se lee un libro bajo cierto estado de ánimo, sólo se encuentran en el libro interpretaciones de ese estado".
Dicho y hecho. Pisé el palito y armé una teleserie por una simple línea. Mi pregunta -ahora que pasó la tormenta- es: ¿no lo hicieron también mis "contendores"? ¿No lo hacemos varios? El que esté libre de pecado, que mande el primer mail. Eso sí, aprendí mi lección: nunca más tratar por escrito asuntos peliagudos con gente que quiero, sea cual sea su personalidad, porque tal vez yo mismo tengo más de susceptible de lo que estoy dispuesto a admitir.
"La pluma es más poderosa que la espada". (Edward Bulwer-Lytton)
























