lunes, 14 de mayo de 2012

Te enojai por todo.

Tiempo atrás me peleé jevi™ con 2 personas a las que quiero mucho. Intervalo entre combates: 5 meses. Voy por el título de los pesos "pesados". Y tratándose de 2 personas, no una, me sentí realmente mal. Parece que tengo talento para dejar la cagá, sobre todo por escrito (el ring donde ocurrieron estos y otros problemas, o mejor dicho, malentendidos).

Algo pasa con el texto, que suele meterme en atados; pero nunca caché si se debe a mi falta de tino para escribir lo que siento/ pienso, o a la forma en que algunos lectores interpretan lo que escribo, porque no me pasa con todo el mundo. Es como pronunciar una palabra que en tal idioma es un piropo, y en otro, un insulto.

Este ha sido el dilema de la comunicación por interné, desde el día uno. Tuvieron que agregar emoticons y cámara digital para humanizar el contacto, o por lo menos ser más fieles al lenguaje humano, que aparte de palabras consiste en gestos e inflexiones vocales, lo cual puede dar sentido muy distinto a un mismo concepto, como sugiere Portocarrero en "La palabra huevón" (1998), un ensayo sobre el garabato chileno por excelencia (que entre otras gracias es sumamente versátil: sirve como epíteto duro o mote afectuoso, dependiendo del contexto y el tono en que se pronuncia).

Con todo, noté un patrón común en las personas con quienes me peleo por escrito. Son medianamente susceptibles y afectos cercanos, con los que existe confianza, demasiada a veces. Buscando en la interné -para averiguar si la raíz del problema soy yo o no- pillé este artículo que menciona algunas características de las personalidades susceptibles:

  •  "Hipersensibilidad a la crítica, por la que se siente exageradamente atacada, herida; echa la culpa de los fracasos a los demás o a la situación; cultiva resentimientos tercos contra sus críticos".
  • "A las personas susceptibles, para que se sientan a gusto, se las ha de tratar con mucha delicadeza. Ante un malentendido, esta persona siempre se pondrá a sí misma como la víctima y siempre esperará que sea a ella a la que se pida perdón. Demandan que sean comprensivos con ellos, aunque ellos mismos suelan ser bastante intolerantes y críticos con el proceder de los demás".
  • "Los que les rodean lo sufren, ya que son personas bastante irritables, que saltan ante cualquier comentario".

Ahá! Parece que no hay manera suficientemente delicada de tratar a una personalidad susceptible, sobre todo cuando está teñida por eventos biográficos que le hacen reaccionar de modo automático ante ciertos estímulos. Con razón metí la pata. Además, la confianza de los afectos estrechos derriba ese escrúpulo con que encaramos una discusión, y favorece los exabruptos emocionales que no tendríamos con extraños. Es como cuando tus viejos te preguntaban: "¿Por qué actúas así en la casa y no cuando estás frente a tu profe?" Respuesta: porque contigo tengo confianza.

Pero sería injusto pintarme como "el bueno de la película" por presentar el caso. No soy blanca paloma y dudo que alguna vez me den un premio por estabilidad emocional o asertividad. Al revés: soy porfiado, "Contreras", picota y orgulloso. Es más, noté un 3er elemento común en estas 2 peleas y tiene que ver con el estado emocional en que me encontraba (estrés, que potencia la agresividad de cualquiera). No sorprende que en una de estas "mochas textuales" mi reacción fuese un calco de lo descrito por el poeta alemán H. Heine:

"Cuando se lee un libro bajo cierto estado de ánimo, sólo se encuentran en el libro interpretaciones de ese estado".

Dicho y hecho. Pisé el palito y armé una teleserie por una simple línea. Mi pregunta -ahora que pasó la tormenta- es: ¿no lo hicieron también mis "contendores"? ¿No lo hacemos varios? El que esté libre de pecado, que mande el primer mail. Eso sí, aprendí mi lección: nunca más tratar por escrito asuntos peliagudos con gente que quiero, sea cual sea su personalidad, porque tal vez yo mismo tengo más de susceptible de lo que estoy dispuesto a admitir.

"La pluma es más poderosa que la espada". (Edward Bulwer-Lytton)

jueves, 10 de mayo de 2012

Todos somos tiranos.

Seamos francos. Nos gustaría que los demás piensen igual que nosotros. Hacemos gárgaras con la tolerancia y la flamante ley antidiscriminación, pero a la hora de los kiubos sale el pequeño tirano que llevamos dentro. Yo te doy firmado que si das plenos poderes a varios pelagatos de los que reclaman por redes sociales verás un espectáculo como el de la revolución francesa, donde se guillotinaba en forma poco menos que industrial -todos los días- a cualquier disidente (sin proceso y ante la menor sospecha).

Uno se ríe con cierto desprecio de los magnates y sus chifladuras: jacuzzis dorados, helipuerto arriba del techo, diez autos en el garaje, etc. Pero la verdad es que todos somos excéntricos, solo que todavía no somos millonarios. Algo semejante pasa con nuestras opiniones y valores en redes sociales o incluso en conversaciones inofensivas al calor de un copete. Todo bien hasta que nos metemos en el "área chica" de los principios, donde cada uno muestra las garras. Y si nos dieran facultades de dictator romano, olvídate. ¿De dónde viene ese afán por convencer al resto, doblarle la mano (especialmente en política)?; ¿Acaso no publicamos lo que odiamos, nos aburre o saca de quicio para juzgar indirectamente a los que practican o disfrutan esas cosas?; ¿Cuál es la idea?, ¿Armar un ejército de fotocopias?

El 1er capítulo de "Herencia, Raza y Sociedad" (Dunn y Dobzhansky, 1946) se titula nada menos que "Diferencias humanas". Ahí, y en lo que sigue del libro, se nos muestra con argumentos científicos que las diferencias tienen mucho más de virtud que defecto. Recuerdo unas líneas donde se lee más menos esto: "imagine un mundo donde sólo haya ingenieros, o artistas o etc, etc". Y la verdad es que sería un mundo medio insoportable.. excepto para algunos.

Por Twitter o el bendito "recuadro de comentarios" en portales web veo mucho viejo chico, vieja culiá o viejo de mierda, de los que fustigan a un Pinochet o un Fidel por su represión de las libertades, pero tú los lees y te das cuenta de que ellos también son dictadores, solo que no mandan ejércitos (todavía). Quieren que los demás piensen como ellos, hablen y luzcan como ellos, vayan a los mismos lugares, disfruten las mismas cosas, le hagan la guerra a los mismos enemigos. Una muestra de soberbia y pérdida de tiempo que aunque parezca no ir más lejos que el berrinche de un troll, es importante vigilar, porque en algún momento Napoleón y Hitler también vagaban por las calles de París y Viena masticando bronca, sin matar una mosca.. y mira a dónde llegaron.

Pero tampoco puedo ver el rollo desde afuera. Ni yo mismo sé cómo actuaría en los zapatos de un Enrique VIII o de un Mao. Eso sí, te garantizo algo: los más peligrosos no somos los que nos gusta lucir condecoraciones en el pecho, sino los que se enorgullecen de su bajo perfil. Los ególatras encubiertos. ¡Ojo con ese club! Se hacen los lesos pero son cabrones de mucho cuidado.

"When I am king you will be first against the wall..." (Radiohead, Paranoid Android)

sábado, 5 de mayo de 2012

Consejos y críticas.

Consejos

"¿Te he pedido tu consejo?": curioso que esta protesta venga de los que más necesitan un consejo. Porque digamosló (con tilde en la ó): así como hay personas que van al médico recién cuando les duele, también existen los que piden consejo cuando están a punto de meter la pata.

¿Por qué molesta un consejo? Obvio que a nadie le gusta recibir lecciones, mucho menos en asignaturas de plan común, como vivir la vida. Pero algunos los necesitan. Y un buen consejo no tiene que venir de una eminencia intelectual (el valor de verdad de una afirmación no tiene nada que ver con la persona que la pronuncia). Basta que sea alguien con un poco de sentido común, o más que el del afectado para la situación específica a que apunta el consejo. Y no solo por aquello de Voltaire ("el sentido común no es tan común"), sino además por lo de Goleman: se puede ser brillante a nivel profesional, pero tener la mansaca en el plano personal (emocional, sentimental, toma de decisiones). Nada de qué avergonzarse, ah? Todos tenemos un área o momento de torpeza.

Cuando me piden consejo, parto explicando lo siguiente: si voy de copiloto y veo que el conductor del auto está por comerse un bache, ¿Hago mal en pescar el volante? Eso no me convierte en conductor, sino en salvavidas. Te estoy haciendo un favor, no ocupando tu lugar. Ahora, si te gusta probar baches, dale, pero no me lleves de copiloto.

Críticas

Parece que ya lo dije en mi discurso para la academia sueca, pero démonos un gustito: para mí una crítica vale por 3 elogios. No cuesta nada ser zalamero. Y todos conocemos a gente que prefiere rodearse de lacayos como los de Luis XIV, que aparte de despertar y vestir al monarca, lo inundaban con alabanzas al borde del ridículo. Estos no son amigos, sino sirvientes. Cualquiera que celebre todo lo que haces no te quiere mucho, y los verdaderos amigos te exigen, te prueban, porque saben de lo que eres capaz. Repasemos la escena en que Guardiola pone de vuelta y media a un maltrecho "Alerzi", mientras este abandona la cancha, lesionado. La mayoría se puso de lado del jugador -porque es chileno y víctima-, pero si estudiamos fríamente el asunto, Pep lo reta porque sabe que es una pieza importante, cuya ausencia va a notarse. Si Sánchez fuese mediocre, daría lo mismo que pase un mes metido en la clínica.

Conozco a varios que piden cojines y lubricantes antes de aceptar una crítica. Suelen censurar la falta de tacto con que se les critica. A mí modo de ver, esta gente simplemente no quiere ser criticada, porque salvo casos excepcionales (cuando el "juez" tiene autoridad o ascendiente sobre el acusado), ninguna crítica será lo bastante suave como para tomarla con una sonrisa. Pero qué diablos, si bebemos un remedio amargo es para que cure, no para que guste.

Yo estoy convencido de que crecemos a golpes, tijeretazos y a la intemperie. Lo demás es mierda buena onda -usando el verso de Los Prisioneros- que a la larga te empantana. El infierno, señoras y señores, es un lugar donde te dan palmaditas en la espalda todo el santo día.

"Es amigo mío aquel que me socorre, no el que me compadece". (Thomas Fuller, 1610-1661, Clérigo y escritor británico)

domingo, 29 de abril de 2012

Feriado XL.

Recuerdo haber trabajado en una oficina y llevar registro mental de cada feriado del calendario shileno: semana santa, día del trabajo, 21 de mayo, fiestas patrias, navidad... Era como cumplir condena en San Quintín y marcar una cuña en la pared de la celda por cada día de sentencia. Con los demás reos se nos iba la mañana entre suma y resta, checando que tal feriado caiga martes o jueves para poder hacer sandwich (tomarse el día hábil que queda entre 2 libres). Pasatiempos de jornada completa.

Comprenderás que un freelancer no está ni ahí con los feriados, mucho menos los laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargos. Bien dijo una amiga que los independientes descansamos cuando todo mundo trabaja, y trabajamos cuando todos descansan. A lo cual debo agregar que mis peores episodios de estrés laboral los he tenido en esas fechas. Incluso una vez me vi sentado en la sala de espera de urgencias mientras pasaban la Parada Militar por tv y el doctor le decía a una paciente: "yo no te puedo operar ahora mismo, porque me tomé unas copas y sería irresponsable". ¡Salud! (En todo sentido de la expresión).

Pero mi conflicto con los feriados es que la ciudad se convierta en oficina salitrera: un pueblo fantasma pelado, fome y con todo el comercio cerrado. Ni siquiera me molesta que la manada de ñus emigre a la playa, al campo o donde encuentre mejores pastos -porque dejan calles y estacionamientos disponibles- pero esa cosa de no poder ir a ninguna parte porque los locatarios están durmiendo siesta me funa el alma. Y todavía faltan 3 días para que suban la cortina metálica. ¡Esto es la capital, por la chucha! Noh vinimoh a vivir acá justamente escapando del pueblo-calle de provincia. ¿¿Dónde están todos?? ¡Salgan! ¡Abran!

En esta materia soy egoísta. Disfruto vagando y gastando tiempo cuando todos trabajan. Me siento a leer libros en cualquier andén de metro, con toda la calma del mundo mundial. Mientras los empleados de oficina se dan codazos y empujones para entrar o salir, yo mastico un muffin de arándano, a la misma velocidad con que un buey sacude la mandíbula. ¿Reloj? A ese lo uso de bookmark.

Y entonces llega el sábado y mi petit-mort, literal, harto menos glamorosa que la que todos conocemos. Llega el desquite del oficinista, que tiene mil panoramas mientras yo marco tarjeta para entrar a la mina de carbón y gastarme picando piedras en pleno finde. ¿Fin de qué? Será para uds, haraganes. Para mí es semana.

"Pasé el fin de semana en Kashmir. Fui a visitar a uno de mis sweaters". (Albert Brooks)

viernes, 27 de abril de 2012

Edad: 35. Estado civil: soltero.

Tengo 35. Parece que había que casarse hace tiempo. Si existe una ley que ponga plazo para hacerlo, todavía no la conozco, o no impresa. Pero a la gente le gusta meterse en el carril donde van todos. Les da seguridad, supongo. Puedes ver una metáfora de esto cuando entras al andén del metro en hora punta y cachas que la multitud sigue el camino más corto entre boletería y vagón, formando un taco. Al final, el camino más largo toma menos tiempo. Con la vida es parecido.

Yo no vengo a hacer apología de mi estado civil, porque no creo que sea mejor que estar casado. Aunque tampoco es peor. A ver: casi toda mi vida he ido contra la corriente. No en plan deliberado; simplemente pasa. Hay muchas cosas y aspiraciones sociales que no comparto o no me interesan, modestamente, sin arrogancia (hasta los 25 uno busca prosélitos, reafirmar su opinión cuando no está muy convencido, entonces se cree superior. Seamos francos: pararse sobre un cajón azucarero te hace más alto, pero no más grande, y para caminar tarde o temprano vas a tener que bajarte). Una de ellas es la institución del matrimonio.

Ya pololear es algo que me cuesta, en parte por pendejo y en parte porque me incomoda depender de otra voluntad para conseguir algo o sentirme bien. Es igual que arrendar un departamento: no puedes llegar y pagarlo como quien se compra un par de zapatos, sino que debes convencer al dueño, con pruebas, de que eres una persona decente. Chao. Qué paja. Y eso de flirtear, mostrarse buen partido, comenzar de nuevo todo el trabajo que aplicaste para engrupir a la última mina es una perspectiva que de solo pensarla me canso.

Cuando cumples 30 la soltería se pone cuesta arriba, porque tus antiguos compañeros de carrete ya sentaron cabeza y el menor de sus cabroshegos ya tiene 5 años. Y a los que seguimos solos nos ponen la etiqueta: hombre = gay; mujer = lesbiana. Esa lógica adorable. Incluso me han contado de oficinas más conservadoras que un monasterio, donde aparte de la rutina laboral -que ya es bastante carga- el solterón debe enfrentar la presión social de varios ojos que lo ven como rareza. Y no falta el pastel que va y se casa apurado, con tal de complacer (o conservar el empleo). Una pirueta en que sales del fuego para caer en las brasas.

Y las fiestas de matrimonio.. Ni te diste cuenta cuando el círculo de amigos empezó a casarse uno tras otro, en fila india los huevones, y cada semana te endosan el parte de matrimonio. Por supuesto no faltan los que gozan con estos eventos y van a todos. Quieren ser parte, quedar bien. Influencia normativa.

¿Será tan complicada esta cuestión o es que uno gasta demasiado tiempo analizando algo que el resto simplemente ejecuta? Y bue.. si no lo hiciera, yo sería el resto y este poema (...) jamás habría visto la luz del día, ¿No?

Sí, acepto. No, mentira.

"Cuando se casa, el hombre entiende lo que es la verdadera felicidad, pero entonces ya es demasiado tarde." (Murphy)

jueves, 19 de abril de 2012

Querido diario...

Empiezo a escribir esto a las 3:00 AM de un viernes. O sea, el momento menos oportuno para resucitar a un muerto: el bicho maldito original, ese por el que algunos fieles me conocieron en 2007 (A.C.); y vuelvo por una razón bien simple: sentí necesidad ganas de decir lo que pienso en varios asuntos (para no seguir esparciendo mi opinión por cuanto recuadro de comentarios exista en la red). Y claro, tengo un combo de sitios (como este y este y este otro), lancé uno nuevo sobre mi profesión y también estoy en Twitter, pero aun así quedo corto para desarrollar o debatir cuestiones que me importan, ajenas al diseño o la rutina, y que por el mismo hecho de ser importantes no alcanzo a explicar con "monitos" ni mucho menos en 140 caracteres.

Una vez, en la feria del libro, Warnken le preguntó a Bolaño: "¿Por qué escribir?" Para mí la respuesta es simple, de guata y nada académica: porque uno está atorado con algo y escribir es como un laxante para el cerebro. Una cuestión terapéutica. Que eso contagie a otros ñatos, te publiquen o te premien ya es circunstancial. Digo, es rico recibir aplausos, un cheque, etc., pero si no puedes hacer algo sin esos estímulos, lo mejor es que postules a un reality. En la casa-estudio tienes harto tiempo para escribir, viste que pasan echados..

Eso sí, no hay para qué darle tanto bombo y platillo al revival, como si la muchedumbre estuviera esperando que me asome al palco. ¡Sale! Si al final son 4 ó 5 los the real seguidores, más otros 3 que te sapean. Y tampoco es que venga bajando del Monte Sinaí con las tablas de la Ley bajo el brazo. Ni siquiera tengo cara para dar lecciones morales a nadie, sin embargo creo que uno puede pasarse la vida criticando lo mal que está el país, la sociedad y todo el rosario de lugares comunes, pero una cosa es cacarear y otra, poner huevos. Y bue.. si crees que me estoy yendo en volá de estupefacientes o que un blog no puede cambiar el mundo, pregúntale a Yoani Sánchez o a Hernán Casciari, y luego hablamos.

Listo, me cansé. Olvídense de imágenes o ilustras por acá, que para eso están mis demás güebsaits™. Sin otro particular les saluda atentamente, W. Mark Felt. Deep Throat pa los amigos.


"Empecé a escribir no porque yo fuera tan bueno, sino porque los demás eran muy malos". (Bukowski)